Todos los días. Sí, toooodos.

Esa es la frecuencia con la que me relaciono con adolescentes y jóvenes de entre 12 y 18 años de edad, al menos durante 8 horas (cuando no es porque fue todo el día). ¿Y qué crees? ¡Me encanta! Sí, en serio disfruto poder pasar tiempo con ellos, conocerlos cada vez más, en sus luces y sombras, verlos crecer y sobre todo poder ayudarlos a ser cada vez más autónomos, responsables y solidarios.

Bueno, la verdad no escribo esto para contarte de mi amor por la adolescencia, sino sobre algunas cosas que he descubierto en el camino y creo que es importante decirte/pedirte para ayudarte un poco a estar mejor con ellos, sobre todo si tienes a alguno cerca frecuentemente.

Por ahora me limitaré a escribir sólo 3 cosas:

1-Perdónalos:

Muchas veces nos enfadamos con ellos porque son rebeldes, impulsivos o groseros, lo cual para nada digo que hay que aplaudirlo, pero sí es importante que recordemos que aún NO son adultos (aunque se sientan Superman). La verdad es que están en proceso de aprender a regularse, ser prudentes y enfocar la rebeldía, así que, por favor, perdónalos y recuerda que el adulto eres TÚ; ellos seguirán equivocándose igual o más que cualquier otra persona y esa es una oportunidad muy valiosa para enseñarles cosas esenciales como la importancia del perdón, la perseverancia, aprender de los errores, etc. Ahora repite conmigo:  “YO soy el adulto”.

2-Escúchalos:

Lo que viene son 3 frases que me han dicho ellos: “Me preguntan cómo estoy, para quedar bien, pero en realidad no parece que les interese.” “Cada que les cuento algo acaba en regaño; así no se me antoja.” “Me dan un buen de consejos sin que se los pida.”

Yo sé que siempre que sermoneamos no tenemos una mala intención al hacerlo sino todo lo contrario, queremos ayudarles; sin embargo, piensa en que muchas veces lo que el adolescente necesita es un oído atento, solamente eso. Saberse y sentirse escuchado, eso ya es una gran ayuda para él; y créeme, si lo haces de verdad, llegará el momento en el que quieran escuchar tus consejos.

3-Sé un guía que acompaña:

Atención con esto. A un niño se le enseña, pero al adolescente la mayor parte del tiempo sólo se le acompaña, pues ahora tiene la oportunidad para poner en práctica lo que aprendió de niño, de comenzar a vivirlo por él mismo; esto no quiere decir que ya no pueda aprender nada, al contrario, aprende muchísimo, pero cada vez es más por medio de la experiencia y la orientación de adultos que ellos toman como “autoridades morales”, los cuales saben estar ahí acompañando en el momento indicado para darle el mensaje que es preciso que sepa de acuerdo a lo que está viviendo.

Listo, como verás, las anteriores son cosas muy sencillas, pero si de verdad te esfuerzas por ponerlas en práctica pueden hacer una gran diferencia con ellos. Espero te sean de mucha ayuda. Me encantaría saber tu opinión y experiencias al respecto.

Dios Contigo. ¡Ánimo!

 

Augusto Coral, familiólogo.

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