Por la corrupción del lenguaje empiezan otras muchas corrupciones” (1)

Cuando los bebés recién nacidos sienten hambre, están incómodos o les duele algo, lo manifiestan con llanto. La mamá, o quien tenga a su cargo el cuidado del bebé, investiga el motivo del llanto. A veces es fácil determinarlo y resolverlo, otras no. En esa etapa, el bebé carece de elementos críticos y lingüísticos para decir: tengo hambre, me duele la pancita, tengo frío, mi pañal está sucio, etc.

A medida que la criatura va creciendo se va afinando su sistema de comunicación. Aparecen sus primeras palabras, y su sistema motriz va tomando el control de sus movimientos, al punto que ya puede señalar el lugar donde le duele.

Pero, ¿qué pasaría si súbita y definitivamente le cambiáramos el nombre a las cosas y realidades que lo rodean? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si cuando dice “mamá” le sacamos a pasear; o cuando pide “bibi” lo cobijamos; o nos ponemos a jugar con él cuando, tocándose la pancita, dice “me duele”? Tal arbitrariedad rompería las categorías de comunicación establecidas. Mamá deja de ser mamá. La realidad se trastoca y sobreviene nuevamente el llanto como forma primaria de comunicación.

También en los adultos pasa algo semejante, aunque la reacción no sea el llanto. De inmediato, el ser humano busca recuperar la categoría fracturada. Si no lo logra, crea una categoría supletoria, o acepta usar una categoría similar.

Hasta aquí todo aparenta ser un proceso inocuo y tal vez ingenuo; pero no lo es cuando las categorías de comunicación rotas implican realidades trascendentes o comprometen la ética y la moral. Una fractura de esta naturaleza tiene graves repercusiones.

Es por lo anterior quemuchos sociólogos concuerdan en que una de las formas más sutiles y eficaces para corromper a la sociedad es, precisamente,  ocultar verdades o cambiar realidades mediante la manipulación arbitraria del lenguaje; sea a través de la introducción de eufemismos o a través del desmantelamiento del verdadero significado de palabras, al punto de dejarlas huecas de significado o revestidas de un sentido equívoco. La consecuencia es lógica: Se va diluyendo el sentido crítico, ético y moral de la sociedad.

Esto es lo que está pasando en México en relación con la vida, el matrimonio y la familia.

– Para destruir el debido e irrestricto aprecio por la vida, lo primero que hicieron los proabortistas fue mudar la arena del debate: De las certezas científicas (embriología y genética) que indican, clara e irrefutablemente, que desde el momento de la concepción inicia su existencia un ser humano, han pasado a una democracia insubstancial que ha ido dejando a votación la aceptación de estas verdades. Votación manipulada por una incontinencia de frases prefabricadas disfrazadas de equívocos derechos. ¿Quién, en su sano juicio, se atreve a sostener el que la adhesión a las verdades científicas se pueda someter a votación?

– Se pretende que el aborto deje de llamarse así pues la palabra conlleva la crudeza de su realidad: muerte de una persona. En su lugar han aparecido diversos eufemismos absurdos que pretenden diluir esta realidad: Interrupción Legaldel Embarazo, Interrupción Voluntariadel Embarazo, o sus acrónimos: ILE e IVE. La inclusión de las palabras: “legal”y “voluntario”, sirven de puente para cruzar mentalmente por encima del crimen cometido, sin enfangarse en la crudeza de su realidad.

– El aborto ha ido transitando por diversos estadios jurídicos. De ser un delito generalizado, algunas legislaturas y sentencias lo han convertido en un derecho. De ser un acto deplorable, en un acto virtuoso. Todo esto al amparo unilateral de los derechos de la mujer, por encima de los derechos de la persona en gestación.

– Se suele revestir el aborto de falsa compasión: “El `producto´ viene con una malformación… preferible la ILE  para que no sufra”. “La mamá fue violada, ayudémosle con una IVE”. ¡Qué ingenuidad! (en unos) y ¡qué maldad! (en otros). ¿Acaso es lícito devaluar un ser humano a un simple `producto´? ¿Acaso una malformación disminuye o suprime la calidad de persona? ¿Acaso un acto brutal como la violación se resuelve con otro aún mayor como el matar al bebé en gestación?

– Se pretende revestir la crueldad de la eutanasia con un manejo del lenguaje equívoco y perverso: “muerte digna”. Pretenden ocultar una verdad que la sola fuerza de la razón sostiene:  La muerte digna es consecuencia natural de una vida digna. Adelantar el proceso de la muerte natural no la hace digna. Es, simple y llanamente, un crimen.

– Hay coincidencia histórica, antropológica, jurídica y semántica acerca de la natural y esencial complementariedad heterosexual del matrimonio. Sin esta condición no puede lograrse la procreación, fundamento de la utilidad social del matrimonio. No obstante ello, los grupos promotores de la homosexualidad aducen artificios de igualdad dirigidos a apropiarse del matrimonio, pervirtiendo con ello su esencia y su significado.

Todo esto nos lleva a concluir que los enemigos de la vida, del matrimonio y de la familia vienen trabajando eficazmente en convertir la sociedad en un enorme campo de exterminio histórico, antropológico y semántico.  Son verdaderos sicarios del lenguaje; depredadores de la verdad; peligrosos terroristas al servicio de la mentira. Han hecho mucho daño, es cierto. Es previsible un daño mayor, también. Pero no prevalecerán. La verdad siempre triunfará.

 

Luis Carlos Frías

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(1) Este tesis fue acuñada por Andrés Bello, filósofo, poeta, educador, político, diplomático y humanista venezolano-chileno (1781-1865); sostenida posteriormente por Octavio Paz, poeta, ensayista y diplomático mexicano, Premio Nobel de Literatura 1990 (1914-1998); y refrendada por Víctor García de la Concha, filólogo español, ex Director de la Real Academia Española, y actual Director del Instituto Cervantes (1934-  ).

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