En esta ocasión no hablaré sobre alguna teoría, no daré datos estadísticos o diré algún consejo sobre cómo lograr algo.

Hoy lo que quiero es compartirte que al igual que muchos ¡Estoy librando una batalla tremenda! Contra un rival bastante astuto, silencioso, que me conoce lo suficiente para saber cómo atacarme logrando abatir mis fortalezas, además de caerle muy bien a todos; y ¿Qué crees? Casi estoy seguro de que también está contra ti…

En mi caso se ha metido con mi autoconcepto, mi familia, mis amigos más cercanos, con mi vida profesional, en la relación con mi novia, con los proyectos que más me apasionan y hasta en mi relación con Dios.

Como verás puede llegar a ser bastante peligroso, así que antes de que se pusiera fea la cosa decidí hacer una estrategia que me asegurara la victoria; para no perder esta batalla he estado analizando su manera de atacarme y me he dado cuenta que entre muchas otras, una de sus principales armas es ofrecerme un mundo como el que me gusta, aunque no sea del todo real.

Tranquilo, no consumo ninguna sustancia nociva o estoy involucrado en alguna especie de mafia, mi rival tiene un nombre muy conocido y aceptado: son las redes sociales.

Mi novia me hizo el favor de hacerme ver que estaba usándolas más de lo que lo necesitaba (porque en mi caso son una herramienta de trabajo) así que comencé a tener más cuidado de ello y me di cuenta que por mí o por otros, se estaba afectando todo lo que te he mencionado arriba, entonces poco después de ser conciente de ello, recordé el llamado de los primeros discípulos de Jesús donde dice que “dejaron las redes y lo siguieron” (Mc.1,18)

Claro que la primera vez que lo escuché no creí que la Biblia se refiriera a este tipo de redes (y obvio no es así), pero vaya que aquí también la palabra de Dios se encargó de darme a mí un mensaje actual.

Jesús dijo “Síganme a mí que soy el camino, vida, verdad, amor, bondad y justicia, libertad y misericordia, guerra constante y paz completa…” Y qué belleza lo que me ha dicho el texto a mí, Augusto, al decir que “dejaron las redes y lo siguieron”. Lo siguieron y al hacerlo consiguieron todo lo que él era, pero para hacerlo, tuvieron que deshacerse de sus redes porque les iban a estorbar para tener la vida plena que Jesús les ofrecía, así como a mí hoy me pueden llegar a estorbar las redes sociales para enfocarme en la vida real que es aquí y ahora, fuera de una pantalla, teniendo presente quien soy realmente y lo que quiero hacer, estando en verdad con los que quiero y diciéndoles a la cara lo que siento por ellos, disfrutando sus abrazos y no mandándoselos en un mensaje, disfrutando con ellos la vida que nos fue dada.

Y al mismo tiempo, amando a aquél que nos la dió, porque así es como se le ama también, por medio de aquellos que puso en mi camino y disfrutando de todo lo que me da, estando aquí y ahora, ¡esa es la estrategia! Volver a vivir y disfrutar todo lo que hay fuera de este mundo virtual que creamos nosotros, fuera del falso mundo de las redes sociales.

Ahora, tampoco estoy diciendo que las redes sociales sean cosa del diablo o que tenemos que cerrar todas nuestras cuentas de inmediato, sino que debemos dominarlas nosotros a ellas y no al revés, este “dejar las redes” al que me enfrento es el que me impide hacer aquellas cosas que tengo que hacer y retraso por perder el tiempo viendo tonterías, o el que me roba el tiempo en familia y con mis amigos por estar hablando con los que no están ahí, el que pasa de ser la herramienta para comunicar, al lugar donde vierto mi ansiedad sin resolver nada. ¡Eso sí es lo que hay que dejar! Dejar eso sí te llevará a encontrarte con quien es la vida.

Yo ahí la llevo, y como siempre es bastante interesante lo que te encuentras fuera de la pantalla.
¿Y tú, dejarás las redes para seguirle?
¡Ánimo!

Augusto Coral
Familiólogo

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