Como creyente comprometida, muchas veces a la hora de querer dar mi opinión sobre cualquier tema, me he visto frenada por un “estos no son temas de religión”, esto es algo que pasa y que nos pasa mucho a los católicos.

Hoy me he puesto a reflexionar sobre el tema, ¿tienen la Iglesia y los que la conformamos derecho (o incluso deber) de opinar sobre temas ajenos a la religión?

La Iglesia Católica tiene una forma muy cuidadosa de hablar sobre temas ajenos a la liturgia, los sacramentos o las instituciones religiosas. Y esta forma no tiene nada que ver con la imagen que tienen muchos de una viejita golpeando a un joven con una Biblia diciendo “Dios te va a castigar”.

La forma en la que la Iglesia opina sobre asuntos “ajenos” se llama Doctrina Social de la Iglesia y es, resumidamente, un conjunto de principios referentes a la realidad social, que pretenden ofrecer una perspectiva integral y digna sobre el hombre en el mundo.

Es importante aclarar que la Iglesia con esto no pretende imponer, sino proporcionar criterios de discernimiento y de orientación. Y que los principales destinatarios son los sacerdotes y los laicos pertenecientes a la Iglesia, a los que  nos invita a vivir en congruencia con la fe que profesamos.

La Iglesia entiende al hombre como un ser creado con inteligencia, libertad y voluntad, capaz de decidir, de entregarse y de amar. Y por eso la doctrina social de la Iglesia sitúa al hombre como constructor de la sociedad. No solo como la creatura más importante sino como la responsable de ordenar todo lo demás hacia su justo valor  y de “humanizar” las realidades sociales.

Desde esta concepción que la Iglesia tiene de la persona y del mundo, que personalmente me parece hermosa y suficientemente completa, la sociedad puede enriquecerse, las personas pueden encontrar su verdadero papel en el mundo y actuar de una manera diferente, más conscientemente, más humana, más como fraterna. ¿No crees que le falta un poco de eso al mundo?

Si rechazáramos la perspectiva de la iglesia solo porque es la iglesia estaríamos siendo un poco discrimindores y también cometeríamos una falacia argumental. Pero lo más importante es que nos perderíamos la oportunidad de enriquecernos con su perspectiva.

A ti que estás leyendo esto te invito a conocer lo que la Iglesia desde su postura puede decir en temas sociales como el trabajo, los valores, el bien común, el valor de la familia, la solidaridad, entre muchos otros. Creo que puedes encontrarte con una perspectiva no solo diferente sino enriquecida.

 

Fernanda Andrade

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