Los avances científicos nos han facilitado la vida, no podemos negarlo. La existencia de la insulina o la penicilina no son cosa pequeña. ¿Y qué me dicen del electrocardiograma, las vacunas, la quimioterapia, los antihipertensivos, las posibilidades de trasplante o los inhibidores de proteasa para los enfermos de SIDA? ¿O de aquella pequeña amiga que nos ha salvado más de una vez en un día con muchos pendientes: la Aspirina? Avances tan impresionantes que a veces damos por sentado, como si siempre hubieran estado ahí.

Estos avances científicos no sólo han cambiado radicalmente el panorama de la medicina, han cambiado sobre todo nuestro estilo de vida. La mortalidad infantil ha disminuido mientras la esperanza de vida ha aumentado, así como durante el siglo XX el hombre ha comenzado a preocuparse por primera vez en la supervivencia de “nuestra casa común”, como diría el Santo Padre Francisco.

Junto con todos estos descubrimientos y avances de la comunidad científica que han traído tantas facilidades se han descubierto también nuevos horizontes: organismos genéticamente modificados (OGM), manipulación del inicio de la vida (fecundación in vitro, mantenimiento de embriones humanos en bancos de almacenamiento, clonación de seres vivos, aborto), consejo genético, eugenesia, enfermedades raras, eutanasia, alimentos transgénicos, etc.

Al leer todos estos términos, unos conocidos y otros que pudieran parecer de otro idioma, nacen varias preguntas: Si algo es posible, ¿debe estar permitido?, ¿debe hacerse? ¿Se puede hablar de todos los avances como un “progreso”? ¿Tengo que pensar en estas cosas? ¿Tengo alguna obligación como cristiano de reflexionar sobre esto?

Ante este panorama de grandes avances y complicadas interrogantes ha nacido la bioética. Quizá ya estés familiarizado con este término, o puede ser que es la primera vez que lo leas, no te preocupes, te explico: la bioética es una rama multidisciplinaria de la ética que crea un puente entre la cultura científica y la cultura humanista, o sea, prende las luces en el camino para orientar a los avances y las prácticas científicas al servicio de la humanidad, y que no esté la humanidad al servicio de la ciencia.

Todos somos vulnerables, aunque nos gusta aparentar todo lo contrario, y dentro de nuestra vulnerabilidad hay momentos cruciales en los que esta vulnerabilidad aumenta y estamos expuestos a todo tipo de abusos desde el momento de nuestra concepción hasta nuestra muerte. Pensemos cuando enfermamos en los servicios médicos, tan costosos y deshumanizados, en las nuevas tecnologías para realizar nuevos tratamientos que es difícil saber si son realmente beneficiosos o no, las técnicas de soporte vital que muchas veces solo causan la prolongación de la agonía. Por otro lado también se encuentra el deterioro del planeta y la contaminación.

Todas estas posibilidades crean conflictos éticos y el reto permanente de salvaguardar los derechos, la seguridad y el bienestar de las personas.

Algunas de estas situaciones pueden parecernos muy lejanas o incluso desconocidas, pero la bioética está también presente en preguntas del día a día: ¿Puedo tomar ciertos medicamentos? ¿Está bien que deje de tomar ciertos medicamentos, aunque es posible que muera por dejar de tomarlos? ¿Qué se puede hacer con mi cuerpo después de que muera? ¿Es legítimo desconectar a mi papá de un respirador artificial si los médicos dicen que su cerebro está muerto? ¿Qué puedo hacer si los médicos me dicen que su cerebro funciona pero lleva en coma cinco años y me aseguran que ya no va a despertar? ¿Qué puedo hacer si me detectan un embarazo ectópico? ¿Es lícito abortar en esos casos? ¿Hasta dónde puedo llevar las intervenciones médicas para mantener mi salud?

Preguntas incómodas, sin duda. Complicadas, difíciles. Es muy fácil escabullirnos de estas preguntas y no prestar ni un segundo a pensar en ellas, pero debemos prepararnos para responderlas porque en algún momento u otro podemos encontrarnos frente a alguna de estas situaciones.

¿Por qué tendrías que saber de bioética? Porque son temas que afectan a tu vida, porque, en el fondo, la bioética se trata de ti, de mi, y de toda la gente que amas. Hay que asumir el reto y tomar la responsabilidad de discutir sobre los puntos claves del desarrollo humano y los problemas de la humanidad presente y futura.

 

Carla G. Godínez

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