Si participaron de la Vigilia Pascual el pasado Sábado de Gloria quizá reconozcan éstas palabras de San Pablo que se leyeron en la epístola. ¡Qué palabras tan directas y tan profundas! No sé cómo las hayan vivido ustedes, pero en lo personal mi corazón retumbó fuertemente al escuchar la exhortación de San Pablo a “llevar una vida nueva”, o en otras palabras, a vivir como resucitados.

 

 

Hay una verdad muy cierta y es que no somos los mismos después de la Resurrección, ¡es imposible! Todo cambia, todo se transforma. Y es difícil explicarlo con palabras; yo me imagino que es muy parecido al sentimiento de poder volver a ver bien después de que reajustas la graduación de los lentes elevado a la milésima potencia. Ya nada es igual, y todo incluso parece cambiar de color e incluso la vida se ve mucho más hermosa.

¿Cómo podemos vivir como resucitados? Ciertamente, vivir como resucitados es un verdadero desafío pues es vivir lo que “todavía no” pero “ya casi”. 

Primero: tenemos que morir al pecado. ¿Qué es esto? Es romper con él toda relación, dejar de seguir sus órdenes, rechazando las seducciones de la concupiscencia, o sea nuestra tendencia al mal. Aunque hemos muerto al pecado en el bautismo es necesario vivir muy vigilantes y muy atentos para que el pecado no reine de nuevo en nosotros.

Vivir como resucitados es vivir en libertad, libertad que experimentaremos al vivir bajo la gracia de Dios y la orientación del Espíritu Santo. Es vivir todos los días, aquí y ahora, la salvación experimentada en la resurrección de Jesús y la plenitud de saber que ni la muerte, ni el dolor, ni el mal pueden sobre nosotros.

Vivir como resucitados es vivir levantándonos siempre de las caídas, como ha dicho el Santo Padre Francisco en su visita a México en 2016: “En el arte de ascender la clave no está en no caer, sino en no permanecer caído”. Vivir como resucitado es vivir con esperanza, vivir perdonando y pidiendo perdón, defendiendo la justicia y viviendo en el Amor.

Es, sobre todo, vivir acogiendo y mostrando con hechos claros y concretos que Dios habita realmente en nuestros corazones y que hemos experimentado el nacimiento de este “hombre nuevo”, convirtiéndonos en agentes de Dios, viviendo en la caridad hacia los más necesitados.

 

Por último, quiero compartirles una oración que me parece preciosa:

 

Solo Dios puede crear,

pero nosotros revalorizar lo que ha creado. ¡Aleluya!

Solo Dios puede dar la Vida,

pero nosotros podemos transmitirla y defenderla. ¡Aleluya!

Solo Dios puede infundirnos Esperanza,

pero nosotros podemos devolverle confianza. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar la Fe,

pero nosotros podemos dar testimonio de ella. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar el Amor,

pero nosotros podemos mostrarlo a nuestros hermanos siendo Caridad. ¡Aleluya!

Sólo Dios es plenamente alegre,

pero nosotros podemos sonreír. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede otorgar la Paz,

pero nosotros podemos vivir unidos. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar fortaleza,

pero nosotros podemos ser el apoyo y el consuelo de muchos. ¡Aleluya!

Sólo Dios es el Camino,

pero nosotros podemos enseñarlo a otros. ¡Aleluya!

Sólo Dios es la Luz,

pero nosotros podemos ser su lámpara. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede hacer milagros,

pero nosotros podemos llevar cinco panes y dos peces. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede hacer lo imposible,

pero nosotros podemos hacer ‘todo lo posible’. ¡Aleluya!

Sólo Dios puede bastarse a sí mismo,

pero ha preferido necesitarnos a nosotros. ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

 

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Carla Godinez

 

 

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